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La cueva del esplendor, un regalo de la naturaleza

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La cueva del esplendor en Colombia está localizada en el extremo norte de la cordillera de los Andes, ya cerca del océano Atlántico. Esta es en una zona completamente montañosa y agreste y acceder a ella no es tarea fácil, pero el esfuerzo se siente completamente recompensado cuando finalmente se llega a este mágico lugar.

De la ciudad de Medellín, se sale hacia el sur oeste, pasando por la zona cafetera, donde los paisajes de montaña, las casas campesinas y los pintorescos pueblos llenan las tres horas de camino.

Jardín es un pueblo pequeño en el que todos se conocen, ya hablaremos en otro articulo sobre su arquitectura y otros encantos, pero por ahora vamos camino a la casa de la señora Amada, donde comienza nuestra aventura.

Para quienes visitan Colombia por primera vez, siempre es una sorpresa la amabilidad de la gente y el hecho de que no sea necesario conocerse de antemano para entablar una conversación, o incluso para ser invitado a una casa.

La señora Amada prepara un suculento desayuno en su casa para quienes busquen información sobre la cueva. Ella cobra alrededor de $3 dólares por un desayuno completo que incluye dos tipos diferentes de arepas, nata fresca, quesito campesino, huevos revueltos, chorizo y una taza de chocolate.

La cueva está localizada en una finca de su familia y ella se toma el tiempo para revisar la ruta y los pormenores de la caminada. La primera parte del camino se debe hacer en carro y en el pueblo se consigue el transporte, ya que no es necesario gastar las energías que se necesitan para cuando ya es necesario caminar.

Al llegar al filo de la montaña, se comienza a caminar por un camino de herradura bastante escarpado y con muchísimo barro, así que si se va en época de lluvias, es mejor llevar botas de caucho. A pesar de que la caminada se realiza a mas de 2,000 metros sobre el nivel del mar, puede hacer mucho calor, si el día es soleado, porque la vegetación sobre el camino es escasa. Por el contrario, si hay lluvia, puede hacer bastante frio.

El camino es exigente y si no se está en buena forma, puede ser difícil. Para quienes no están acostumbrados a caminar en las alturas, el bajo nivel de oxigeno puede convertirse en una carga adicional.

Nos tomó 2 horas a paso no muy rápido (el paso de un fotógrafo nunca es rápido) para llegar a un portón donde está el aviso de la cueva y se ve la casa de la familia Marín. Allí venden agua y refrescos y es el único lugar en la ruta donde se puede conseguir algo de comer o tomar.

Desde la casa se comienza el descenso, muy lento y difícil, especialmente si se llevan cámaras, lentes y trípode, como en mi caso. Pero es absolutamente necesario, nunca me habría perdonado estar en un lugar así, sin tener el trípode.

El camino, si se es tan atrevido como para darle ese nombre a la trocha por la que se comienza a bajar, está metido entre el bosque. Es una bajada vertical, llena de barro, donde toca asirse de las raíces y la vegetación para no rodar en caída libre, así que hay que ir dispuesto a embarrarse.

Parte de la banca de la quebrada se derrumbó en una borrasca y allí la única opción, a falta de las raíces que mencioné anteriormente, fue pasar sin mirar las aguas que bien abajo se arremolinaban amenazantes.

Finalmente llegamos a nuestro destino, con las rodillas aun flojas por el esfuerzo y el corazón palpitante por la emoción. Afortunadamente en este caso no debo encontrar palabras para describir la magia de este lugar, porque sería imposible. Aquí están las imágenes que hablan por sí mismas.

La quebrada ha hecho su labor durante miles de años y ha roto la roca sobre la que se deslizaba, cayendo dentro de la cueva con una fuerza increíble. El espectáculo es asombroso, pero para mi, lo mas hermoso de este lugar es el acceso a la cueva. La pared de roca recubierta en musgo, por la que se desliza suavemente una lluvia incesante de agua, ha hecho que todo, incluyendo rocas, arboles y piso, brillen con todos los tonos de verdes que sea posible imaginarse.

Después de saborear cada instante en este lugar maravilloso, emprendemos nuestro regreso escalando por la quebrada, lo cual no sólo resultó mucho más fácil, sino también más bello.

Una vez de vuelta a la casa, decidimos regresar a caballo. Para ese momento estábamos completamente mojados y el frio se calaba hasta los huesos, pero el espectáculo de la tormenta y las nubes sobre la cordillera fueron suficientes para redoblar nuestro ánimo.

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

El camino es largo y difícil.

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia-10

Nuestro primer encuentro con la quebrada “la Linda”

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

Al fin Llegamos!

Cueva del esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

El agua helada de la cascada, es solo para los valientes.

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

La cascada se filtra entre las rocas, formando una gran cortina de agua

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

El agua llena de musgos las rocas y los arboles.

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

El regreso lo hicimos a través de la quebrada, caminando sobre las rocas y entres los pozos de agua.

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

Hay que ir preparado para mojarse, no solo con el agua helada de la cascada, sino también con la lluvia.

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

El regreso lo hicimos sobre las nubes

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

Después de un largo día de caminata, dejamos que los caballos nos llevaran de regreso.

Cueva el esplendor, Jardin, Antioquia, Colombia

El espectáculo de las montañas, la tormenta y el verde brillante de la naturaleza, son indescriptibles.

 

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